¿Cúal es la psicología detrás de las estafas con criptomonedas -y la responsabilidad personal?

La proliferación de estafas con criptomonedas está en ascenso y por eso resulta interesante revisar las conclusiones del estudio que la Oficina del Comercio Justo de EE. UU encargó a la Escuela de Psicología de la Universidad de Exeter.

Cabe señalar que toda estafa se funda en los denominados «desencadenantes viscerales» puesto que apelan a los deseos y a las necesidades humanas básicas, siendo los más relevantes la codicia y el miedo.

Lo más importante es la promesa de los enormes beneficios: las víctimas suelen desenchufar temporalmente sus procesos cognitivos racionales.

Por otra parte, entre las estrategias más señaladas se encuentran la de crear la sensación exclusiva. Una iniciativa para unas pocas personas, siendo la víctima una de las afortunadas de ser escogida.

Se induce además a un compromiso conductual, pidiendo a las víctimas que cumplan con pequeñas tareas o etapas, asociadas a la entrega de pequeñas sumas de dinero o bien de reclutamiento de nuevas víctimas.

Esto se vincula además a que el pago-premio al final del proceso es de tal magnitud que todas estas tareas y pagos parecen solo un gasto de energía menor.

La respuesta emocional sin control nos vuelve, de acuerdo a los expertos, “indebidamente abiertos a la persuasión” o bien incapaces de observar con sentido crítico a quienes intentan persuadirnos.

Una de las conclusiones que arroja un resultado contrario al esperado es que se suele pensar que las víctimas de estafa no hacen un esfuerzo por investigar el contenido de la oferta.

Una buena parte de ellas, sí estudian la oferta, pero el tamaño del premio sigue siendo el factor más relevante, aun cuando muchas de ellas declararon reconocer que algo andaba mal en todo el asunto.

Y en este punto del camino, deciden probar de todos modos, por si acaso se trata de una oportunidad genuina. Nuevamente la respuesta emocional gobierna a la respuesta racional.

Aunque no se persigue culpabilizar a las víctimas y muchos menos exculpar al nefasto mercado de las estafas, es necesario poner en el debate que el primer factor protector sigue siendo la responsabilidad personal.

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El estudio también remarca que, pese a que existe un perfil de víctima que más bien se condice con personas reincidentes que caen una y otra vez como si fuera la primera, ninguno de nosotros está libre de caer en la trampa, sobre todo bajo ciertos contextos que les dan especial fuerza a las erráticas respuestas emocionales (crisis económicas, personales, psicológicas u otras).

El mercado de las estafas es de antigua data histórica, se encuentra activo y sigue gozando de buena salud. Y es altamente probable que a futuro siga prosperando.

Con información de criptonoticias